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miércoles, 20 de junio de 2012

Canciones que me perseguirán (1): "Madagascar", de Guns n´ Roses




Parece poco cortés utilizar este espacio, este blog a duras penas literario a inspiración -palabra irritante y ficticia donde las haya, si dejamos en un aparte lo romántico de la idea, puesto que es un hecho que el trabajo y el esfuerzo han hecho más por las obras de los hombres que las musas- de tu persona, para colgar aquí esas canciones que me perseguirán hasta el fin de mis días, que conforman una antología íntima, personal, individual y, a veces, incluso, intransferible, porque a nadie más que a uno mismo le gustan y raras veces se consigue que alguien las escuche del modo  en que yo las escucho, como si se tratara de la B.S.O. de mi vida; canciones que hacen sentir que las escribieron para uno, que alguien estuvo contemplando detenidamente cada uno de tus rasgos y circunstancias para anotarlas y parir unas letras y unos acordes basándose en ti. Creo que sabes a la perfección de lo que hablo; sé también de tu canciones-fetiche, de las cuales algunas, incluso, compartimos con idéntica fruición, y conozco bien algunos de los tracks de tu propia antología, tu propia banda sonora.

Pero no hay incoherencia en este propósito. Aunque me consta que la mayoría de las canciones que cuelgue aquí no serán de tu agrado -partimos de géneros musicales muy distintos, aunque los dos seamos eclécticos a ese respecto y sepamos encontrar, a veces, zonas comunes-, cada una de ellas estará expuesta en este espacio por tener mucho que ver contigo. Serán canciones desde las que, de algún modo, unas veces muy perceptible y otras no tanto, tu presencia emergerá de entre las notas y frases. 

Es el caso de esta canción, Madagascar. No hace falta que te diga que Guns n´ Roses es mi banda favorita,  y además, si haces memoria y revisas nuestra historia, la oirás metiéndole decibelios a muchos capítulos que hemos vivido juntos... Para prueba, un botón: ahí están Black leather (de la que no daré detalles aquí, y su historia en nuestra vida en común la reservo para nuestra intimidad), Estranged (que no me he atrevido a colgar aquí porque te conozco y sé que la hubieses interpretado como un síntoma de nostalgia no correspondida contigo o como una señal de mi consabida propensión a la catástrofe y mi enervante fatalismo, aunque esa canción recupere siempre para mí tu presencia, ya que se identifica muy bien con nuestra manera de sentir y la escuchamos juntos la primera noche en que quedamos), Used to love her (que me recuerda mucho a ti, porque, a su vez, a ti te recuerda mucho a tu madre, ya que esa canción le encanta), la magnífica versión Simpathy for the Devil -los dos estamos de acuerdo en que es mejor que la original de The Rolling Stones, aunque afirmar eso, para algunos, resulte sedición a la corona de Sus Satánicas Majestades, lo cual nos importa un huevo de pato-, y, ahora, Madagascar. De ella siempre me impactó una frase -si alguna vez encontramos el verdadero amor tendremos una manera de decidir-, por sospechar su significado sin llegar a descifrarlo del todo, y porque el haberte encontrado o que me encontrases me ha hecho al fin comprenderla. Como en la canción, poca gente daba un duro por mí, pocos creían que yo pudiera salir de la tormenta; el narrador de la canción -si es que es lícito usar esa expresión tratándose de música y no de literatura- intuye que el hallazgo del amor verdadero será el motivo que lo induzca a posicionarse ante el mundo y poder decidir sobre qué hacer con su existencia.

Lo mismo me ocurrió a mí, y por eso la dejo en el blog: para que así recuerdes siempre el peso que tu llegada ha tenido en mi vida, su benefactora influencia.

(Un último inciso respecto al enlace publicado: la traducción es muy floja y la canción en directo; Axl Rose desafina tanto que parece que le están pisando los cojones mientras canta. Pero es la mejor que he encontrado subtitulada.)

1 comentario:

  1. Yo también entiendo la frase, cariño, ahora que te tengo a ti, si. Te amo.

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