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miércoles, 6 de junio de 2012

Poemas que no te leí (2): Fragmento de "Cuatro poemas a una sombra", de Luis Cernuda




LA VENTANA


Recuerda la ventana
Sobre el jardín nocturno,
Casi conventual; aquel sonido humano,
Oscuro de las hojas, cuando el tiempo,
Lleno de la presencia y la figura amada,
Sobre la eternidad de un ala inmóvil,
Hace ya de tu vida
Centro cordial del mundo,
De ti puesto en olvido,
Enajenado entre las cosas.


Todo esplendor, misterio
Primaveral, el cielo luce
Como agua que en la noche orea;
Y al contemplarle, sientes
Pena de abandonar esta ventana,
Para ceder en sueño tanta vida,
Al reposo definitivo
Anticipado el cuerpo,
Cuando por el amor tu espíritu rescata
La realidad profunda.


Sin esperarle, contra el tiempo,
Nuevamente ha venido,
Rompiendo el sueño largo
Por cuyo despertar te aparecía
La muerte sólo; y trae
El sentido consigo, la pasión, la conciencia,
Como recién creados admirables,
En su pureza y su vigor primeros,
Que estando ya, no estaban,
Pues entre estar y estar hay diferencia.


Su voluntad, maestra de la tuya,
Delicia y miedo inspira,
Penetrando en la sangre, como música
Inmaterial dominadora,
Y al poder te somete de unos ojos,
Donde amanece el alma
Allá en su fondo azul, tranquilo y frío,
Hacia la luz alzados,
Unida a ellos, y unido tú con ellos
Por vida y muerte quieres contemplarlos.


El amor nace en los ojos,
Adonde tú, perdidamente,
Tiemblas de hallarle aún desconocido,
Sonriente, exigiendo;
La mirada es quien crea,
Por el amor, el mundo,
Y el amor quien percibe,
Dentro del hombre oscuro, el ser divino,
Criatura de luz entonces viva
En los ojos que ven y que comprenden.


Miras la noche a la ventana, y piensas
Cuán bello es este día de tu vida,
Por el encanto mudo
Del cual ella recibe
Su valor; en los cuerpos,
Con soledad heridos,
Las almas sosegando,
Que a una y otra cifra, dos mitades
Tributarias del odio,
A la unidad las restituye.


Un astro fijo iluminando el tiempo,
Aunque su luz al tiempo desconoce,
Es hoy tu amor, que quiere
Exaltar un destino
Adonde se conciertan fuerza y gracia;
Fijar una existencia
Con tregua eterna y breve, tal la rosa;
El dios y el hombre unirlos:
En obras de la tierra lo divino olvidado,
Lo terreno probado en el fuego celeste.


Como la copa llena,
Cuando sin apurarla es derramada
Con un gesto seguro de la mano,
Tu fe despierta y tu fervor despierto,
Enamorado irías a la muerte,
Cayendo así, ¿ello es muerte o caída?,
Mientras contemplas, ya a la aurora,
El azul puro y hondo de esos ojos,
Porque siempre la noche
Con tu amor se ilumine.



El poema que me hubiera gustado saber escribirte. Nunca llegué a entenderlo del todo (ni maldita la falta que me hace), pero siempre me recordó a ti.

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