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lunes, 18 de junio de 2012

Poemas que no te leí (4): "Donde rompen las horas", de Eduardo García




Desperté y he venido,
mujer de humo y distancias, mujer innumerable,
a la azul vecindad de los espacios,
el cruce en que los itinerarios se desbordan,
horizonte o frontera
tras la cual nos esperan otras aguas.


Imagen detenida, desperté.
Me llamaba tu voz desde las pasarelas
del tiempo. Abrí los ojos. He venido
a besarte los labios minerales:
besos de cartón-piedra a la luz de los focos
que idealiza el recuerdo, tu mirada
más ágil que la luz hiere la tarde,
se acomoda en mis manos, habla, dice:


"En un tiempo sin tiempo, en el instante
mismo
de la respiración,
cuando la vida toda parece contemplarnos
desde la inhóspita región de lo posible,
más allá de sus lindes, mírame, 
podemos encontrarnos en la espuma,
donde rompen las horas
entre el siempre y el nunca y el quizás".




Y te callas, ausente como un árbol.
Y escucho por mi sangre resonar tu llamada
como el eco en un túnel confluye con la voz
de los faros que al fondo se vislumbran.
Y digo:


                  "Sí,
quisiera acompañarte a esa región que dices,
tu débil voz, tu calidad de nube,
tu cuerpo de eco turbio y leopardos".
Tiendo mis manos al encuentro, al puro
abrazo de las sombras. Casi rozo
tu umbría claridad cuando la luz
se interpone de pronto, me deslumbra
la vida, pierdo foco, palidece
tu imagen como aliento en el cristal,
se desmorona
rojo carmín tu voz en el silencio.


Regreso a este otro sueño en el que vivo,
con sus fríos relojes que no saben
detener el instante
y su lógica hostil y sus fronteras.
No hay sitio para ti:
irrespirable
el aire de este mundo.
No hay sitio para mí,
para mi oculta transparencia:
aquel que soy al fin cuando despierto
donde rompen las horas
entre el siempre y el nunca y el quizás.

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