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martes, 17 de julio de 2012

Los placeres de la pobreza (segundo fragmento), del poemario "Algo sagrado"



(Es un poema de amor, pero también, bien mirado, es un poema de rabiosa actualidad.)




El placer de la pobreza
comienza por encumbrar y hacer grandes
las cosas más sencillas.
                                       Y sí, tal vez
sea cierto que lo mejor es lo más caro,
pero necesito ahora que nos lavemos en este agua
de carencia, si así
tus manos junto con las mías
no recogen más fruto que la presencia inasible del aire
que apenas cabe entre nuestros besos.


Nos debemos a esos momentos.
Si es cuanto tenemos, no faltemos entonces
al deber placentero del pobre
que desdeña y prescinde de las rigideces del asceta
-aconsejarle austeridad a quien nada tiene
es recomendarle al hambre, ayuno;
al mar, toda la sed
acumulada en la sal de sus aguas;
al silencio, un grito que constate de pronto
su propio, incesante sonido-,
que no quiero economizarte, ni beberte sólo a sorbos
por temor a que te me gastes
en un abrazo más grande que el mundo,
desde una ternura nunca presentida,
que no pediste ni pedí (pero ahora
nuestra e infaltable),
sino apurarte como tú los cigarrillos
hasta el mismo filtro.


No te contengas. Ansíame.

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