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jueves, 19 de julio de 2012

Poemas que no te leí (11). "Estancias sobre la conveniencia de pintar las vigas de azul", de Carlos Barral



(Adoro este poema más por la capacidad de sugestión que produce en mí que por su temática, por imaginarnos, cuando lo leo, los dos juntos en un puerto, lugar fetiche para mí. De Carlos Barral se ha dicho que era el poeta menos dotado de la Promoción Poética de los 50; pero a mí, enamorado de esa generación por sentirla tan afín con mi propia manera de escribir y de entender la poesía, me parece un poeta tan grande como cualquiera de los otros integrantes: Ángel González, José Ángel Valente (mi favorito), José Manuel Caballero Bonald y el resto. Esperando siempre que te guste; confiando en que, alguna vez, a fuerza de presentártela, abraces la poesía y te animes a escribirla. Te amo.)


(en una alcoba frente al mar)


...que festejen los cuerpos...


Sería como un cielo estriado,
tirante, que barren las capas más altas del viento,
una sombra más fría
cruzando en tus ojos redondos
la sombra agresiva de las siestas de agosto.


Igual que las raíces de un agua inacabada
que persiste en los cuerpos bajo la piel ardiente
y otra vez nos acerca y humedece el silencio.
Como un celaje de altamar a franjas
que haría nuestro amor aventurado
y quizás casi adúltero, que haría
más oscura la curva de tu vientre
en los nervios del alba,
                                      cuando acude
ese otro azul más denso y no se sabe
si comienza o termina la jornada.


Sería congruente con las voces
de los que vuelven de la mar,
con las series sonoras:
ruido de estiba y pasos y de nuevo
el crujir de madera de las cajas
y el caminar pesado de las botas
y otra vez el crujido,
                                  con que hostiga
la mañana a los cóncavos del sueño
y tropiezo en tu cuerpo, cuando el agua
es todavía acero en que el azul pretende,
inercia de otro espacio y cavernosa
materia indefinida de tiempo o de bonanza.


...puntúen el espíritu...


Y en ese pensamiento que se mezcla
con olores y ruidos,
en ese meditar de entre la tarde,
quieto como en un golfo de fatiga,
a blancos intervalos, a distancias
de una idea perdida -como trazos
de otra experiencia material- serían
texto en sí mismas, ventajoso esquema
de referencias que la luz remueve
según gobierna el sol el aire limpio
de por la mar y el tiempo se separa
-sin que nadie lo sufra- en dos mitades
o recuerdos brevísimos, en fibras
de querer recordar, y vuelve el pensamiento
y está el techo presente y más oscuro.


El humo del tabaco las lamería, turbio
como una nube baja,
y roería la arista de las ideas claras,
demasiado precisas. Y en cuerpos espumosos,
como un castillo vivo de tormenta,
abatiría el vuelo de la imaginación. Lo mismo
que esa hora en el mar, cuando se cruza
la niebla en nuestra ruta y nos reduce
al mundo más cercano, a la madera
asediada de angustia y de ignorancia,
cuando el estar pensando y el peso de los miembros
son un solo sujeto que a menudo ignoramos.


...y mitiguen las sombras intermedias...


Y todavía más se harían entrañables
-ruda reja celeste que detiene
la devorante inercia de las cosas-
en las horas ahogadas de abandono,
de miedo o de vergüenza que me tumban
con los ojos abiertos cara arriba
y restañan la frente y desparraman
el polvo de las viejas emociones.


Y en la excavada sombra que se siente
midiéndose hacia dentro en estos casos
será bien tropezar con estas varas
pintadas con recuerdos de la infancia,
de un tiempo en que este techo protegía
otro vacío semejante, pero
creciendo en el sentido de los árboles.
Un azul indulgente
de parientes ingenuos, sorprendido
cuando preferimos no oír la respiración agitada
y el mar nos importuna al pie de la memoria
como bestia tenaz que araña el muro
o la puerta o el lienzo de la sábana.
El mar chapoteante de los puertos,
sucio como una víscera, listado
de cadáveres de aceites, que reclama
en nombre de pasados entusiasmos...


                                                              Más seguro
azul que el de la mar, más inmediato,
lloviendo en la conciencia como un bálsamo.

2 comentarios:

  1. Como siempre te digo, sin tu voz, no es lo mismo. Tienes tanto que leerme...Te amo con toda mi alma.

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  2. Yo, el más solitario de los hombres que ya no sabe estar solo sin ti, he pensado en ir grabando videos recitando los poemas que te escribo y colgarlos aquí. Los otros poemas, de los que no soy autor -qué más quisiera yo-, te los iré leyendo a poco que tú me lo pidas, ya lo sabes. Te amo con todo mi ser.

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