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jueves, 5 de julio de 2012

Poemas que no te leí (7): "Domicilio particular", de Luis García Montero




(Esta sección del blog comienza a ser una mentira con visos de homenaje constante, porque este poema sí que te lo leí alguna vez. Habla de lo que habla, pero bien podría estar refiriéndose a ti.)



Al regresar a casa,
cuando la luz se ha transformado en eco
después de una jornada insoportable,
el tiempo y ella son
como una propiedad particular.
Necesito saber que me esperaba.


Oye mis pasos fríos al subir,
abre la puerta, igual
que se abre un diccionario
para que todo ocupe su destino,
y me besa en la boca.


Reino de soledades oportunas,
habitación casi perfecta
al otro lado de los días,
hospitalaria forma de quitarme el abrigo,
de acariciar con ojos lentos
las hojas secas de mi voz,
el rastro de las calles en mis hombros,
la mala tarde y el cansancio.


Luego enciende la luz, tan enigmática
como la piel que ha visto
y ha descifrado el curso de los años,
me prepara una copa, y la pone en la mesa,
cerca de la butaca preferida,
para que se deshaga en el silencio
y acompañe el rumor de las historias,
el licor impreciso
que mezcla las palabras con las insinuaciones.


Sólo el humo y las lágrimas
saben juntar las cosas,
y en el humo se juntan
los recuerdos pacíficos de las noches inquietas
y la inquietud de un tiempo serenado.


Recuerdos de las noches envueltas con el día,
las noches apoyadas
en el primer instinto de aventura,
la urgencia de sentir
y comprenderlo todo,
el deseo sin calma, o la promiscuidad
con sus humillaciones y sus deslumbramientos,
que buscaban al filo
del corazón inagotable
un principio de orden y conciencia.


Mentira por mentira o lealtad por lealtad,
el amor aceptó cambiar de estado,
miró desde una sombra
la quietud resistente de las brasas,
y buscó compañía,
conocimiento exacto
de fortalezas y debilidades,
el misterio infinito de las repeticiones,
la costumbre final de una luz elegida,
el pacto negociado
por la tranquilidad de una butaca
y el cuerpo que envejece
con mirada de brillos juveniles.


Y no es verdad, la vida no consuela
del entusiasmo de la juventud
con los placeres de la inteligencia.
Pero hay anillos respetables
en la mano que busca una caricia.


Ahora me defienden tus cuidados.
Jacobina si voy a ser cobarde,
prudente si me arriesgo,
descanso en ti,
en tus asombros,
en tu lealtad antigua,
biblioteca.

1 comentario:

  1. Uno de los poemas, para mi más bellos, que me has enseñado jamás. También podría hablar de ti.

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