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martes, 28 de agosto de 2012

Poemas que no te leí (13): "Poema", de Julio Cortázar



Te amo por ceja, por cabello, te dabato en corredores blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.


Además te quiero, y hace tiempo y frío.

lunes, 27 de agosto de 2012

Breves desiderables: I. Tus ojos: océano




Aguamarina si resueltos y en plena paz,
dejo en calma, pleamar en gesto de quien ama;
mar tan bravo si por contra fieros o exigentes,
cobalto exacto al del cielo en las mañanas gélidas
y radiantes de Madrid. El gris allí también
hace hogar; el verde a veces,
tan ligero, limaduras apenas de jade
estriando el amalgama
que recrea fielmente el fondo de ese océano
en esferas.
                    Pues ahora
dime qué sonda de amor fiero lanzar a ellos
cuando de ellos no alcanzo a recobrar colores
fidedignos de sus brillos
asombrosos que diamantan todos mis poemas,
dime qué redes tender
a su crepúsculo en secuencias de azul mutable
cuando anochece a plomo mi mirada en la tuya,
y casi ciego porque me deslumbras, trepado
a mi deseo oscuro, no logro de tus ojos
alcanzar a distinguir
peticiones de exigencias.

miércoles, 8 de agosto de 2012

El reconocimiento (fragmento), del poemario "Algo sagrado"




1 de julio de 2011



1. ANUNCIO Y PRIMERA IMPRESIÓN


Traerás una vieja herida para que pueda
reconocerte;
                       la mía propia
traeré yo tal vez prendida en la mirada.
Nos anunciaremos sin estruendo.
Un azul desvaído en tus ojos
quizá me intuya entre la turbamulta
de una ciudad fabulosa y ardida de verano.


Nos anunciaremos sin estruendo.
Al verte o al verme, por primera vez
trascendiendo lo físico,
sentiremos que la vida y su dolor urdió
un plan perfecto para encontrarnos
al cabo cada cual de su madrugada eterna.
Te abrazaré, seguro, me abrazarás,
pues un abrazo al contacto de los cuerpos sella
lo que no acaban de pactar,
con su torpeza hermosa, las palabras;
y es madriguera ese acabarse a piel
en el otro,
                    y es amistad sincera y es refugio,
y es anidarse ya sin miedo ni rechazo
al hueco en que quiero sabernos de por vida,
si la vida así permite, si tu vida ya es mi vida
entera.


Nunca se tiene una segunda oportunidad
para causar una primera buena impresión,
por eso me he investido de este aroma
que ha de ser collar cerrándose
en torno a tu cuello:
                                 así me abasteceré
yo también de tu perfume. Allí
viviré, muriendo de deseo,
memorizando tus medidas
para saber qué desnudez usar para esta lucha
y que así seas mi eterna contrincante
en esta noche que quiero que no acabe.

martes, 7 de agosto de 2012

Rutas contigo, del poemario "Algo sagrado"



(Hace casi un año -exactamente el 10 de agosto de 2011-, te escribí este poema y lo colgué en el blog A DESHORAS. Entonces también quedamos varados en este Madrid infernal, y por eso ahora, aunque sé de sobra que no es lo mejor de mi producción, lo recupero y lo incluyo en ese poemario que inspira tu persona.)




Porque a veces te me asemejas
a una música lenta y triste
que suena en una plaza extraña
de una ciudad remota y extranjera.


Te acordarás ahora
de esa pareja que se abrazaba frente al río.
Los observamos y te dije
que no me importaría estar en su pellejo:
nómadas por forasteros, amándose
perdidos por un Madrid fabuloso
que para ellos sería
lo mismo que si nosotros estuviésemos en Praga,
guiris españoles devorándose el instinto.


Tienen idénticas cualidades
 mujeres y ciudades:
su misma extrañeza deliciosa, mezcla
de expectativa y fascinación,
durante su primer recorrido;
su misma arquitectura del reproche
un tiempo después
tras haberlas habitado.


Entretanto, te contaba
que mi madre estaba en Venecia
amando a su hombre, fascinada de máscaras
de carnaval y canales, Puente
de los Suspiros, una llamada perdida
para indicarme días más tarde
que ya había llegado a Eslovenia.


Tú escuchabas con la atenta retentiva
que caracteriza a quienes
les resulta agradable una charla;
yo pensaba en todas esas rutas que hice contigo
por todas esas ciudades remotas y extranjeras
que nunca visitamos juntos.

Erótica de postergación, del poemario "Algo sagrado"





Nunca me bailaste. Yo anhelaba
contemplarte brindándome esa ofrenda,
otra faceta más de tus talentos a oscuras
deslumbrando el verbo obsceno en mi deseo
que me hiciera conocerte como eras
antes de mí, antes de nosotros
rodando furiosamente unidos,
por esta soledad unánime y preciosa,
hasta agotar los recursos de la noche.


Nunca me bailaste. No conocí
a la pantera desperezándose
en la niebla, ni a aquélla que tú fuiste,
salvaje tal vez y clandestina, antes del dardo
venenoso que te atormenta de mis celos.
Coreógrafa del silencio y escapista,
postergaste la promesa que no recuerdas
que me hiciste, mientras yo aún espero degollarme
con cadencia suicida en tus caderas.

lunes, 6 de agosto de 2012

Poemas que no te leí (12): "Recuerdo de la belleza humana", de Francisco Brines




No la rosa, que existe en el olor,
ni el verso que ha entregado, en su milagro,
una invisible luz, y se hace el mundo,
ni el mar, que es un sólido espacio.


Dime si te destruye mi mirada,
tan suave como el aire,
posada como el tiempo.
¿Qué añade tu belleza a la belleza?
Si tú no hubieras sido, nada sería tú,
como el posible Dios es sólo uno,
y mi mirada (el tiempo) te destruye.
Tu belleza es aún más:
puede darse a quien mira,
y hacerse humilde, y torpe, porque existo.
No se puede expresar desde esta vida,
pues no hay comparación, nada
que signifique lo que es.
Si acaso confesarte mi deseo
de ser yo tú,
y así ofrecerte al fin lo que mereces
cuando acercas tus manos a las mías:
saber que me mirabas con mis ojos.